Una visita al Santuario de Utrera

Utreraneando. 06/09/2018.
Es un lugar de culto, tradiciones,
esperanzas, sentimientos, añoranzas y fe.

"Cada ocho de Septiembre, por los caminos de Utrera, el corazón se me pierde". Así comenzaba Salvador de Quinta en 1984, uno de los poemas que dedicó a la patrona de Utrera, al mismo que aludía Enrique Montoya en su exaltación a la Feria. Tenemos claro que el ocho de Septiembre es el día "clave" en la devoción a la virgen de Consolación. Durante 24 horas el templo que se leventó más allá del "Pastorcito" recibe visitantes y peregrinos desde diversos lugares. Es por lo que nuestros ojos se fijan hoy en la Ermita de Nuestra Señora de Consolación.
Llegamos por el verde y sombrío paseo hasta su puerta.Tallada en piedra amarilla con incrustaciones de mármol gris y blanco. Nos fijamos en las hornacinas laterales de Fray Bernardo y San Isidoro, un santo Catalan y otro Sevillano.
Si levantamos la vista los retablos cerçamicos de San Joaquín, la Virgen de Consolación y San José bajo las inscripciones "Fides" (fe), "Spes"(esperanza) y "S FDE PAVLA, que indica la presencia en algún momento del fundador de la orden mínima.

Miramos la sencillez de la torre y al entrar nos sorprende la amplitud del atrio, las columnas de mármol y las arcadas. La cubierta de casetones está tallada y pintada en estilo mudejar y las paredes nos regalan un zçocalo de azulejos trianeros de Mensaque que nos emboban todavía ajenos a lo que guardan las grandes puertas de madera.
Un largo pasillo es el brazo transversal de la iglesia en forma de cruz latina, bajo un gigantesco artesonado mudejar que cubre toda la nave hasta el cr
ucero, una maravilla de 1578 decorado con motivos de lacería y estrellas de ocho puntas.A lo largo de la nave se distribuyen diversos lienzos de finales del siglo XVII, representan escenas de la vida de la Virgen.

Bajo una tenue iluminación, nos acercamos al Retablo Mayor. El primero era de principios del siglo XVII, costeado por el conde-duque de Olivares. Fue sustituido a principios del siglo XVIII por el retablo barroco de un solo cuerpo y tres calles separadas por cuatro grandes columnas salomónicas. Todo ello adornado con motivos vegetales, angelotes, rocalla y racimos de uvas.
Si miramos a la izquierda vemos la talla de San José con el Niño, el relieve de la Anunciación y un santo Mínimo. San Joaquín con la Virgen Niña en brazos, el relieve de La Visitación y un nuevo santo mínimo.
Y en el centro del retablo brilla el camarín de la Virgen, bajo el relieve de San Francisco de Paula, la contemplamos en el templete de plata. Ella es la Patrona de Utrera, la Virgen de Consolación.
Si nos giramos hacia la puerta, vemos sobre el atrio de entrada, el coro, que consta de cuarenta y ocho sitiales, elaborados en el siglo XVIII y el correspondiente facistol de la misma época. Y frente a nosotros, a la izquierda, el púlpito, de forja, producto de la Fundición San Antonio. La solería es de mármol de Carrara.

El crucero y los transeptos se cubren mediante artesonados de ocho lados dispuestos alrededor de una gran piña central, todo ello profusamente policromado.
Un brazo del crucero está presidido por el ret
ablo del Cristo del Perdón, del siglo XVI, mostrando el momento de la expiración, en el altar, la imagen de María Santísima de la Amargura. El retablo, consta de banco, sotobanco, un cuerpo de tres calles separadas por estípites, con doble arco y ático. Está policromado en color verde con adornos dorados. Imágenes de menor tamaño, de la Virgen y San Juan Evangelista. En las calles laterales vemos tallas de San Pedro y San Pablo. En el ático, San Antonio de Padua. El remate superior luce un relieve de la Santísima Trinidad y el monograma IHS.
En el brazo opuesto,encontramos el retablo de San Francisco de Paula. La imagen del fundador de la Orden de los Mínimos, atribuida al círculo de Pedro Duque Cornejo, preside el retablo, flanqueado por San Cayetano y San Antonio de Padua.
En la parte superior aparece una talla de San Juan Bautista y, sobre él, un relieve que representa a San Francisco de Asís en conversación los animales. Corona el retablo el símbolo de la Orden Mínima, que se repite en el hábito del fundador. 
Tras revisar cada detalle del maravilloso templo y descubrir los interiores, que guardan secretos, misterios y milagros. Salimos despacio, volviendo sin querer la mirada hacia la luz del altar mayor, llevándonos la sensibilidad de tan histórico lugar.
Querido Salvador, llevabas razón:
Incluso los que proclaman
por el mundo que no creen,
si son de Utrera, Señora,
si como utreranos sienten,
notarán en sus adentros
un pellizco duro, fuerte,
que les llenará de dudas
cada ocho de Septiembre

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